Diplomatura en Acompañamiento Terapéutico

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Resolución: N°880/2025 CD
Duración: 1 año.
Cursado: Los días sábados por la mañana con frecuencia quincenal.
Modalidad: Presencial
Sede de cursada: UNR – Facultad de Psicología: Riobamba 250 bis, Rosario, Provincia de Santa Fe.
Informes: 0341 4362900
Instagram: @diplomaturaatysm
Facebook: Facultad de Psicología – UNR

Haber aprobado el nivel medio u homólogos al 30 de abril del año de ingreso según lo dispuesto por el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Rosario.

Les mayores de 25 años que no hayan cumplimentado el nivel medio pueden ingresar de acuerdo a lo establecido en el artículo Nº 7 de la Ley de Educación Superior.

Tanto la salud como la Salud Mental no son conceptos que puedan
determinarse ontológicamente de manera precisa, de una vez y para siempre.
Realizando una lectura de la noción de salud, observamos que se caracteriza por estar permeada de cierta concepción política y que ha ido virando a lo largo de la historia.

A principios de siglo XX la salud ha sido reducida a la mera ausencia de
enfermedad. A posteriori, en 1948, la Organización Mundial de la Salud (OMS)
propone un viraje en el concepto definiendo la misma como un estado de perfecto bienestar o equilibrio físico, mental y social, alejándose de ser solamente la ausencia de lesión o enfermedad, sosteniendo un especial acento en la idea de salud como adaptación, equilibrio, con el medio ambiente.

En 1978 en la declaración de Alma-Ata, se propuso una serie de puntos que no
se reducen a dar una definición de salud, sino que apuntan a gestar estrategias y posibles prácticas para conseguirla. De este modo, la salud es concebida como un derecho humano fundamental y la realización del grado más alto posible de salud exige la intervención de diversos sectores sociales y económicos.

La comunidad pasa a ser un actor clave en la planificación e implementación de las acciones en salud. Por otro lado, el modelo bio-psico-social, añade dos elementos – lo psicosocial – que dejan atrás a un modelo más reduccionista a lo anátomobiologicista.

Sin descartar la importancia de dicha declaración, la situamos en el contexto
determinado en el que fue emitida, reconociendo experiencias locales previas y
producciones posteriores que posibilitan volver a interrogar sobre nociones claves como la de comunidad y una lectura de la Atención Primaria en Salud (en adelante APS) no ligada sólo al primer nivel de atención sino como lógica que atraviesa todos los niveles.

Para retomar un aporte fundamental, en contraposición a las nociones que
ligan la salud a lo meramente biológico o compartimentos estancos entre lo bio, lo psico y lo social, el sanitarista argentino Floreal Ferrara concibe a la salud no como adaptación y/o equilibrio, sino más bien como un estado de constante conflicto. El estado óptimo vital de salud está vinculado a la lucha por resolver el conflicto, es decir, la capacidad individual y social de modificar las condiciones materiales y simbólicas que limitan la vida. Además, vale agregar que Ferrara concibe una perspectiva de salud que incluye las políticas públicas diagramadas por el Estado.

En esa dirección se ubica la sanción en el año 2010 de la Ley Nacional de
Salud Mental n° 26.657 que en su artículo 3 define a la salud “como un proceso
determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”.

Es visible en esta propuesta el pasaje de lo patológico a lo salutogénico y de ello se desprenden dos ejes fundamentales para concebir este proceso. En primer lugar, que la salud esté determinada por componentes socio-económicos y culturales da lugar a la intervención de una diversidad de disciplinas y oficios, poniendo en jaque saberes hegemónicos, inaugurando de este modo una concepción genuinamente interdisciplinaria.

En segundo lugar, el concepto de salud mental del cual se sirve la presente diplomatura hace hincapié en la construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos.

La ley establece el derecho a recibir tratamiento y a ser tratado con la
alternativa terapéutica más conveniente, es decir, aquella que “menos restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y comunitaria” (Artículo 7, inciso d). Siguiendo el Artículo 9 de la presente ley que define que “el proceso de atención debe realizarse preferentemente fuera del ámbito de internación hospitalario y en el marco de un abordaje interdisciplinario e intersectorial, basado en los principios de la atención primaria de la salud” se desprende que los modelos de atención dejan de ser netamente hospitalocéntricos, y se conciben de modo territorializado en diversos efectores de salud bajo la lógica de Atención Primaria en
Salud, otorgando un lugar protagónico a dispositivos que sustituyen al manicomio, constituidos y sostenidos a partir de políticas interministeriales.

El surgimiento del campo de la Salud Mental está vinculado a un
acontecimiento a gran escala que sucumbió durante la segunda mitad del siglo XX.
Los efectos de la Segunda Guerra Mundial, el genocidio, las situaciones de
confinamiento, la experimentación con seres humanos, tuvieron efectos en las
prácticas psiquiátricas de la época a partir del análisis crítico que sostenía que las instituciones psiquiátricas no parecían ser muy diferentes a los campos de
concentración. Las intervenciones profesionales se reducían fundamentalmente a la exclusión y encierro en los hospitales monovalentes y aplicación de técnicas como electroshock, inducción a comas insulínicos y baños de agua helada, que hoy en día son consideradas como iatrogenia e incluso tortura. Un gran movimiento que abarcó experiencias tales como la antipsiquiatría inglesa, la desinstitucionalización italiana, la política de sector en Francia, las experiencias de desmanicomialización en Latinoamérica (fundamentalmente en Brasil y en Argentina), produjo una transformación en los modos de concebir el tratamiento del padecimiento subjetivo.

Desde esta perspectiva el emergente campo de la Salud Mental se propuso interrogar la figura de peligrosidad ligada históricamente a la así llamada locura e inaugurar nuevos dispositivos apuntalados en una modalidad de atención ambulatoria, lejos del encierro y la exclusión. Es preciso señalar que el análisis de lo manicomial no se reduce únicamente a las instituciones que conocemos como hospital psiquiátrico, puesto que designa aquella lógica que atraviesa de diversos modos nuestras prácticas en el campo de la Salud Mental, y que se manifiesta a partir de la utilización de múltiples teorías y técnicas a lo largo de la historia.

En la Argentina de la generación del ´80 se inauguraron espacios como Open
Door en 1889 -siendo Julio A. Roca quien coloca su piedra fundamental-, el
Departamento Nacional de Higiene en 1892, el Servicio de Observación de Alienados vinculado a la Policía de la Capital en el 1900-, los archivos de Psiquiatría y nCriminología de José Ingenieros en 1902, entre otros.

En la Rosario de 1913, comienza a funcionar el primer hospital de alienados,
en 1927 el actual CRSM “Agudo Ávila”, y en 1941 el hospital psiquiátrico de Oliveros.
Parafraseando a Horacio González (2007), decimos que la evidente connotación xenófoba de la figura del loco inmigrante, sometida a control, clasificación y examen, aparece inscripta en la ideología higienista y sanitarista que representa una nueva etapa de la lucha contra la `barbarie´. Si bien a nivel nacional y particularmente en Santa Fe contamos con experiencias de desmanicomialización y una Ley tanto nacional como provincial (Ley 10.772), la actual existencia de dichas instituciones nos interpela y nos señala que aún queda mucho por hacer, y ese hacer es necesariamente colectivo.

Es en sintonía con el surgimiento de dispositivos e innumerables experiencias
que sustituyen al manicomio, que se construirán distintas problematizaciones en torno a los sustratos discursivos de lo que denominamos Acompañante Terapéutico (A.T.), práctica que está nombrada en la Ley Nacional nº 26.657. Los mitos fundantes del Acompañamiento Terapéutico remiten a la década del 60, en consecuencia puede deducirse que resulta un oficio relativamente joven. Es a partir de esta particularidad que el Acompañamiento Terapéutico como campo de prácticas aún habita cierto eclecticismo, la disputa de sentido en torno a cuestiones metódicas-epistemológicas y apuntalamientos clínicos-éticos aún forman parte de un debate no saldado.

En el afán de hacer un orden de razones que sostengan su práctica, el
Acompañamiento Terapéutico ha tomado herencias metódicas de diversas disciplinas, como el psicoanálisis, el derecho, la pedagogía, la psicología evolutiva entre otras. De todos modos, estas trazas heredadas aún resultan insuficientes en torno a la formalización de métodos y técnicas propias de dicho oficio. Interrogar estas herencias, las lógicas que subyacen a las mismas, nos permitirá, al mismo tiempo que historizar, preguntarnos por sus modalidades clínicas, generando pensamiento crítico que nos conduzca a posicionamientos éticos en el sostenimiento del trabajo.

En forma sintética podríamos decir que en las primeras publicaciones sobre la
práctica del Acompañamiento Terapéutico se plantea la construcción de una
alternativa a la internación manicomial con la figura del “amigo calificado”, una proto imagen del A.T., que incluye una noción teórica de contención y cuidado denominada: “chaleco humano”. Podemos precisar un primer momento en la historia de esta práctica, donde la cuestión humanitaria radica en sustituir el proceso de la internación manicomial, aunque no nos quede claro si está en juego allí algún atisbo de sustitución de la lógica manicomial.

Un segundo tiempo de esta práctica, sin dudas se encuentra
ligado a la pregunta por la clínica en aquellas situaciones que desbordan las
herramientas, la oferta de trabajo, que producen los equipos. Sin dudas la tensión de este segundo momento subyace a la oposición producida entre la posibilidad de inclusión del A.T. en un equipo de trabajo acorde a los procesos de interdisciplina que promueve la Ley 26.657, y la vertiente que acentúa su condición de mero auxiliar de una estrategia que lo precede.

Para que el A.T. pueda incluirse en el equipo de trabajo, pudiendo leer y
retrabajar los efectos de su práctica, se requiere a su vez de una formación que no se reduzca a la enseñanza de una técnica, fundamentos que orienten y permitan la construcción de un estilo de trabajo. La intervención del A.T. debe poder ordenarse a partir de la lectura y problematización que de una situación singular y desde la especificidad y disponibilidad de su estar clínico, puede efectuarse como aporte al trabajo interdisciplinario. Bajo esta perspectiva es posible pensar un tercer momento de esta práctica, ligado entonces a la participación de Acompañantes Terapéuticos desde la composición misma de un equipo de trabajo, o incluso como promotor de la misma. Pensar la práctica del A.T. en relación a la construcción y fortalecimiento de redes vinculares con base comunitaria, intersectorial e interdisciplinaria, permite realizar una puesta en valor del hacer privilegiado que le corresponde por sus condiciones, por cuanto opera en el sentido mismo de la construcción de proximidad
accesibilidad entre el usuario y el nivel de atención pertinente, del mismo modo en que en muchas ocasiones genera las bases mismas para la construcción de una posibilidad de un tratamiento.

De este modo, poniendo en articulación el Acompañamiento Terapéutico y la
Salud Mental, indagamos respecto a las políticas públicas, lo institucional, la
desmanicomialización, el sistema de salud, los marcos de legalidad, la noción de peligrosidad, la vulnerabilidad social, las modalidades diagnósticas, los conceptos de locura y psicosis, el consumo problemático, el campo de la discapacidad. Estudiamos el lugar de la clínica en el acompañamiento terapéutico, introduciendo aportes nucleares del psicoanálisis. Realizamos un recorrido sobre las prácticas en infancias y
adolescencias con las particularidades de estas poblaciones, retomando la
intersección de dos ejes, el clínico y el político, con énfasis en la función constitutiva del juego y las narrativas filiatorias. Nos proponemos fomentar el pensamiento crítico en una apuesta a recuperar y poner en diálogo los saberes con los que llegan los cursantes.

Objetivo general: Desarrollar una propuesta formativa en el oficio del
Acompañamiento Terapéutico en tanto práctica inherente al campo de la Salud
Mental, transmitiendo diversas experiencias y contenidos teóricos que
fomenten lecturas clínicas y políticas desde una ética anclada en el paradigma
de derechos.

Objetivos específicos:  
1) Reflexionar en torno a experiencias de desmanicomialización /
desinstitucionalización a los fines de transmitir lógicas de prácticas del
acompañamiento terapéutico ancladas en el paradigma de derechos.  
2) Analizar los procederes que se sustentan en los distintos paradigmas de
abordaje en Salud Mental con el fin de historizar las diversas prácticas ligadas
a ellos.  
3) Describir la conformación del sistema de salud local promoviendo la
formación desde una perspectiva en Atención Primaria en Salud.  
4) Brindar herramientas que posibiliten el ensayo de lecturas clínicas para
propiciar prácticas éticas en el abordaje interdisciplinario de los diversos
padecimientos subjetivos.  
5) Analizar los marcos legales como soportes de la práctica del
Acompañamiento Terapéutico.  
6) Identificar modalidades de intervención en infancias y adolescencias
atendiendo a los cuidados específicos que estas poblaciones demandan.
7) Promover el ejercicio de procederes críticos, a partir del intercambio y el
trabajo con otros.