Bienvenides
BienvenidesResolución: Nº 27262/2024
Duración: 1 año
Modalidad: Presencial
Sede de cursada: UNR – Facultad de Psicología: Riobamba 250 bis, Rosario, Provincia de Santa Fe.
Informes: 341 4362900
Instagram: @diplomatura.abordajesenconsumo
Facebook: Facultad de Psicología – UNR.
Haber aprobado el nivel medio u homólogos al 30 de abril del año de ingreso según lo dispuesto por el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Rosario.
Los mayores de 25 años que no hayan cumplimentado el nivel medio pueden ingresar de acuerdo a lo establecido en el artículo Nº 7 de la Ley de Educación Superior.
La Diplomatura de “Abordajes de los Consumos Problemáticos” se propone reflexionar y conocer acerca de los consumos desde una mirada que contemple la complejidad de la problemática y la integralidad en las acciones desarrolladas.
Cuando hablamos de abordajes nos referimos al amplio campo de acciones llevadas a cabo en los diferentes ámbitos donde se realizan intervenciones, desde la prevención y promoción de derechos hasta los procesos de asistencia-atención-cuidados y las estrategias implementadas desde una perspectiva comunitaria.
Pensar la complejidad e integralidad implica revisar todas las dimensiones involucradas en la noción de consumo, la jurídica, sanitaria, social y subjetiva realizando un recorrido histórico sobre los procesos que dan cuenta acerca de los modos de nombrar e intervenir sobre la problemática.
Desde lo normativo, la sanción de la Ley Nacional Nº 26.657 de Salud Mental y Adicciones del año 2010 produjo un doble corrimiento en el campo de los consumos problemáticos, por un lado del campo jurídico-punitivista hacia la definición de una problemática de salud y por otro, en centrar las acciones para su abordaje en la persona, desde un paradigma de sujetos
de derechos y ya no en la sustancia.
En su artículo 4 la Ley Nacional de Salud Mental refiere que “Las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud”.
Como parte de este cuerpo normativo que aborda los consumos problemáticos desde una mirada sanitaria, en el año 2014 se sanciona la Ley Nº 26.934 (Plan IACOP), que en su artículo Nº 8 establece que “las entidades que brinden atención al personal de las universidades y todos aquellos agentes que brinden servicios médicos asistenciales a sus afiliados, independientemente de la figura jurídica que tuvieren, deberán brindar gratuitamente las prestaciones para la cobertura integral del tratamiento de las personas que padecen algún consumo problemático, las que quedan incorporadas al Programa Médico Obligatorio (PMO)”, asimismo incorpora para su abordaje el modelo de reducción
de daños, definido como aquellas acciones que promuevan la reducción de riesgos para la salud individual y colectiva y que tengan por objeto mejorar la calidad de vida de los sujetos que padecen consumos problemáticos (art.10,inc d).
Este cuerpo normativo que requirió revisar las prácticas clínicas e institucionales, implicó a su vez una diferenciación de los modos de tratamiento, por parte del Estado, de problemáticas de salud de aquellas que corresponden al ámbito de la seguridad.
Como problemática multidimensional se encuentra atravesada por los procesos históricos que determina la coexistencia de diferentes lógicas de abordajes, por lo cual resulta importante identificar las representaciones sociales, los prejuicios y las diferentes concepciones sobre el problema, entendiendo a los consumos problemáticos en un marco más amplio de una sociedad de consumo. Por lo mismo resulta necesario definir a que llamamos consumos problemáticos, para lo cual tomamos la definición del Plan Iacop: “se entiende por consumos problemáticos aquellos consumos que —mediando o sin mediar sustancia alguna— afectan negativamente, en forma crónica, la salud física o psíquica del sujeto, y/o las relaciones sociales. Los consumos problemáticos pueden manifestarse como adicciones o abusos al alcohol, tabaco, drogas psicotrópicas — legales o ilegales— o producidos por ciertas conductas compulsivas de los sujetos hacia el juego, las nuevas tecnologías, la alimentación, las compras o cualquier otro consumo que sea diagnosticado
compulsivo por un profesional de la salud” (art. 2)
En esta definición se puede observar la heterogeneidad en las prácticas de consumo, por lo cual lo problemático no se ubica en lo que se consume ni en la cantidad, sino en el modo particular de vinculación que establece una persona con aquello que consume, en un contexto social determinado y en un momento de su historia vital.
De este modo, nos encontramos con el desafío de pensar la integralidad sin descuidar el saber específico que se requerirá de acuerdo a la complejidad de cada situación. La asistencia específica requiere de intervenciones singulares, no estandarizadas, que contemplen las particularidades de los sujetos que se encuentran en una problemática de consumo. Resulta necesario promover la integralidad de acciones en los procesos asistenciales que incluyan los
espacios de prevención, una gran dificultad en el abordaje de los consumos problemáticos es la fragmentación asistencia- prevención- promoción que a veces se instala con lógicas que sólo sirven para desentenderse de dar cuenta de procesos complejos. La modalidad de asistencia puede generar la implicación de la comunidad, instituciones y grupos territoriales.
En estrategias integrales, los espacios de prevención y promoción alojan el estar, el vivir de los más vulnerados y estigmatizados y al mismo tiempo son recursos necesarios y privilegiados en los abordajes asistenciales de los equipos.
Es importante reconocer, aún hoy, los efectos de la pandemia en las personas,
instituciones y comunidades. En este sentido, consideramos pertinente reconocer cuales son las dimensiones subjetivas en juego, las nuevas producciones de sufrimiento psíquico post pandemia. La vida cotidiana cambió y se aceleraron procesos que requieren ser analizados.
La organización de la jornada laboral, las rutinas, temporalidades, espacios y relaciones vinculares se vieron alteradas. El lazo social, la presencia, las disponibilidades, la pérdida de certezas, fueron alteradas por el covid-19, así como la evidencia incontrastable y cotidiana de la perentoriedad de la vida.
Nos proponemos en el recorrido del programa analizar los marcos legales como soporte de la práctica e indagar sobre las políticas públicas implementadas en el campo de los consumos problemáticos puesto que consideramos que las lógicas que se encuentran en su constitución, tienen efectos en la producción de subjetividad y la construcción que se hace en torno a una problemática.
Asimismo, nos proponemos conocer las diferentes estrategias y la circulación de experiencias comunitarias permitirá tener una mirada crítica que promueva la producción de prácticas éticas y transformadoras.
Desarrollar una propuesta de formación teórica en torno a los consumos problemáticos desde una perspectiva de salud mental comunitaria y una estrategia de abordaje integral e intersectorial, transmitiendo
conceptualizaciones y experiencias que posibiliten una lectura crítica del problema y fomenten intervenciones en el marco de un paradigma de derechos.
Objetivos específicos
a) Promover el acceso a conocimientos teóricos sobre los consumos problemáticos, los marcos legales y diferentes modelos, estrategias y prácticas para su abordaje.
b) Problematizar en torno al consumo y las lógicas que sostienen el abordaje de los consumos problemáticos promoviendo prácticas desde un enfoque de derechos.
c) Reconocer los procesos históricos que configuran el sistema de salud y las
políticas públicas orientadas al abordaje de los consumos problemáticos.
d) Fomentar la prevención y prácticas de cuidado en la comunidad facilitando la elaboración de estrategias colectivas de salud comunitaria.
e) Brindar herramientas que posibiliten la producción de prácticas subjetivantes en torno a las formas del sufrimiento, que contribuyan a eliminar prejuicios y prácticas discriminatorias hacia las personas con problemas de consumo.
f) Favorecer el intercambio de experiencias y la circulación de nociones teóricas vinculadas a la interdisciplina, intersectorialidad y la jerarquización de saberes comunitarios.
g) Identificar modalidades de intervención con infancias, adolescencias, juventudes y desde una perspectiva de género que contemple las particularidades de cuidado de poblaciones específicas.